EL PERIODICO – 14/02/2007

Imágenes cautivadoras de niños risueños y sonrientes desfilan ante los ojos del telespectador. Al final, bajo un mosaico que los agrupa, aparece la siguiente leyenda: « Ellos han jugado al juego del foulard. Están muertos, como centenares de ellos. Paremos este desastre ». Este anuncio ha sido emitido varias veces por una de las televisiones privadas de más audiencia en Francia, la M6, y está previsto que próximamente aparezca en otras cadenas. Se trata de una campaña auspiciada por una asociación de padres cuyos hijos han perdido la vida tras practicar, supuestamente, este juego de riesgo que consiste en estrangularse hasta que la falta de oxígeno provoca una sensación placentera.
Llamado también sueño azul, sueño indio o 30 segundos de felicidad, el juego del foulard forma parte de las prácticas de riesgo que se desarrollan en los patios de las escuelas. A diferencia de otros juegos, este puede practicarse en solitario, aunque resulta muy difícil esclarecer si las muertes por estrangulamiento se deben a un accidente fruto del desconocimiento del riesgo que implica el juego o a una conducta suicida. Por ello, no existen cifras oficiales. Sin embargo, la asociación de padres de niños accidentados por estrangulación (Apeas) sostiene que en Francia fallecen cada año unos 10 niños a causa del juego del foulard y que en los últimos 10 años el número de víctimas alcanza el centenar.

TESTIMONIOS
La dura campaña de la asociación y la publicación de dos libros sobre el tema han abierto un debate en el país vecino sobre la proliferación de los juegos de riesgo entre los escolares… En Nuestros hijos juegan a estrangularse en secreto, Françoise Cochet lanza la señal de alarma sobre un fenómeno que los expertos coinciden en indicar que cada vez afecta a niños más jóvenes.
Los especialistas distinguen entre los juegos « de ataque », que se definen por una acción de violencia gratuita perpetrada por un grupo de alumnos contra un compañero, y los de asfixia, como el juego del foulard, cuya práctica se remonta a la antigüedad. « Es una especie de rito de paso de la infancia a la edad adulta. Generalmente los más adultos lo transmiten a los más jóvenes », afirma Grégory Michel, director de diferentes estudios sobre el tema.
En la conferencia celebrada el pasado otoño en la Sorbona sobre las conductas de riesgo en la escuela, se puso el acento en la extensión de estas prácticas a una franja de edad cada vez más amplia (de los 6 a los 16 años) y se desveló que uno de cada ocho niños tiene conocimiento o ha practicado alguna vez un juego de asfixia. Según el psiquiatra Jean-Claude Fisher, las víctimas mortales se producen normalmente entre los niños que practican el juego del foulard en solitario, muchas veces en casa, y pierden la conciencia antes de poder soltar la presión. Fisher subraya que el fenómeno « afecta a todas las clases sociales » y que los niños « no lo hacen para ponerse en peligro, sino para alcanzar una especie de éxtasis o de trance ».
Apeas insiste en que en la gran mayoría de los casos no se trata de niños depresivos, sino todo lo contrario. Como Gaspard, de 8 años, que murió por asfixia hace dos años. Su madre, Catherine, asegura que era un niño « lleno de vida » y feliz, que « se sentía protegido y a gusto en su entorno familiar ». La Administración francesa, por su parte, mantiene una posición de cautela ante este fenómeno preocupante. El Ministerio de Educación ha decidido crear un grupo de trabajo para estudiar el asunto. Entre tanto, ha optado por no oponerse a la actividad de la asociación de padres ni a su campaña de sensibilización.

 

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